"Informes, aplausos y baches"

Ya comenzaron los informes y con ellos también comenzó el desfile de aspiraciones; porque en la polaca hay quienes informan de lo que hicieron, otros de lo que dicen haber hecho y unos cuantos que parecen informar, más bien, de lo que quieren hacer para el 2027. No hay nombres; saque usted sus propias conjeturas, observe quién llevó a la cúpula política, quién movilizó estructuras, quién recibió aplausos de los que importan y quién apareció estratégicamente en primera fila, al final, en política las fotografías también hablan, aunque algunos prefieran que no sepamos leerlas.
Los informes dejaron de ser desde hace tiempo simples ejercicios de rendición de cuentas; hoy son escaparates, termómetros y hasta pequeñas pasarelas electorales. Ahí se mide músculo, se cuentan aliados, se presumen estructuras y, de paso, se manda el mensaje de quién sigue vigente y quién ya comienza a necesitar respiración artificial política y todo esto porque los perfiles son muchos y los lugares pocos, y ahí es donde comienza lo bueno.
Algunos claramente levantan la mano sin levantarla oficialmente; otros buscan el cobijo de quienes toman decisiones y unos más intentan mantenerse en circulación a punta de declaraciones, videos y ocurrencias. También están los que tuvieron su momento de gloria y ahora buscan desesperadamente regresar al escenario, como la famosa ave fénix; nomás que para resurgir de las cenizas primero hay que aceptar que uno se quemó.
Y vaya que hubo quienes se metieron el pie solitos, una declaración desafortunada, una crítica mal calculada o un comentario que pretendía golpear al adversario puede terminar convertido en el mejor regalo para quien está esperando el error ajeno. En política, queridos camaradas, hay ocasiones en que el silencio vale más que mil videos en redes sociales, pero tal parece que algunos todavía no descubren esa maravillosa herramienta.
Ahora bien, entre tanto discurso, aplauso y cifra histórica, queda una pregunta bastante sencilla: ¿todo eso que nos cuentan se puede palpar en la calle? porque ahí cambia la película.
Tomemos Pachuca como ejemplo, aunque bien podríamos hablar de varios municipios. Durante el informe municipal se presumieron avances, cifras y acciones; incluso vimos a la maquinaria del ayuntamiento trabajando en el bacheo de calles, y mire usted que eso sí me sorprendió, porque honestamente no recuerdo haber visto tanta maquinaria haciendo bacheo de manera tan visible.
O quizá sí la vi y la ciudad me está jugando una mala pasada, porque basta salir a recorrer la capital para encontrarse con una realidad bastante menos triunfalista que la presentada en cualquier informe; calles deterioradas, baches que parecen patrimonio histórico, zonas donde circular en automóvil se convierte en una prueba de suspensión y ciudadanos que seguramente no necesitan una detallada presentación para saber cómo están sus calles.
También se habla de una mayor percepción de seguridad y de cifras históricas alcanzadas durante estos dos años de administración, órale pues qué bueno, si así lo percibe la ciudadanía y si los números lo respaldan, habrá que reconocerlo, pero entre el dato oficial y la experiencia cotidiana existe un pequeño detalle: la bandita vive en la calle, no dentro de un informe.
Y ese es precisamente el problema de estos ejercicios; pueden mostrar lo que se hizo, pero no necesariamente lo que la ciudadanía siente, un gobierno puede llenar páginas con resultados, pero si el ciudadano sigue esquivando baches, esperando servicios o preguntándose dónde quedaron algunas de esas grandes mejoras, entonces algo no termina de cuadrar.
Los informes son necesarios; presumir resultados también es parte del juego político, pero el verdadero informe comienza cuando se apagan los reflectores, se guardan los discursos y el funcionario deja de explicar lo que hizo para permitir que la gente diga si realmente lo hizo bien.
Porque, al final, el trabajo no solamente se expone; se nota y si después de dos años todavía hay que explicar demasiado lo que supuestamente ya se hizo, quizá habría que dejar un poco el micrófono, bajarse del templete y darse una vuelta por las calles, eso sí; con cuidado, no vaya a ser que el bache termine dando un informe más contundente que el propio gobierno.





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