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Ya se va Fayad; retrocesos y miseria, su legado.

  • Foto del escritor: NoticiasTerritorio-H
    NoticiasTerritorio-H
  • 28 jun 2022
  • 2 min de lectura

El final de la administración del gobernador Omar Fayad Meneses está a la vuelta de la esquina y conviene hacer un breve recuento de lo que se deja, sin duda, nada bueno para los hidalguenses, que hoy, están en una brecha de desigualdad más aguda.


En 2016, en su primer discurso — en Yahualica — de campaña Fayad Meneses se comprometió a “emprender un trabajo con toda mi emoción y esfuerzo para que nuestras comunidades indígenas, de una vez por todas, puedan tener agua, drenaje y luzˮ.


Seis años después, Yahualica, sigue igual o peor de marginado sin que la mayoría de sus habitantes cuenten con servicios de agua potable, drenaje y electricidad, como lo evidencia el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval) al dictaminar que el 87. 5 por ciento de su población vive en la pobreza.


En la misma situación se encuentra gran parte de las miles de familias que residen en las regiones urbanas y rurales de la Huasteca, la Sierra Gorda, la Sierra Oriente, el Valle del Mezquital y el Altiplano, donde se ubica Pachuca, la capital hidalguense.


Las cifras del Coneval indicaron en su momento, que, entre 2016 y 2020, se incrementaron los índices de pobreza baja, moderada y extrema. En su primer año de administración había un millón 478 mil 800 personas en situación de pobreza y en 2020 un millón 570 mil 600, es decir, había 91 mil 800 pobres más.



La población en pobreza extrema –categoría en la que la gente padece hambre y carece de todo tipo de satisfactores– se elevó de 234 mil 300 a más de 252 mil y la pobreza moderada pasó de un millón 244 mil 600 a un millón 318 mil 600.


El mismo organismo reporta la existencia de dos millones 401 mil 200 hidalguenses con tres de las seis posibles carencias clasificadas en el Índice de Privación Social, las que los ubicaron por debajo de la línea de bienestar mínimo.


En esta situación se hallan incluso varias colonias de Pachuca, toda vez que no cuentan con servicios de agua, luz, drenaje y pavimentación de calles. En 2016, la población sin acceso a los servicios básicos en la vivienda era de 327 mil 900 –los cuales prometió cubrir Fayad–, pero dicha cifra se duplicó y llegó a 635 mil 100 en 2020.


En Hidalgo, enfermarse está prácticamente prohibido, o al menos así lo evidencian los hechos. En las colonias urbanas y las comunidades rurales no hay centros de salud que brinden la atención médica adecuada y donde existen, no hay medicamentos.


En 2016, 421 mil 600 personas carecían de servicios de salud; hoy, esa cifra se duplicó, pues ya son 833 mil. Hoy, en Hidalgo, la mayoría sufre las consecuencias del fracaso de un gobierno que afortunadamente ya se va, pero que cuanto pudo colaboró para que haya aumentado la pobreza; los servicios de salud se han deteriorado, decenas de miles de hidalguenses no tienen garantizada la alimentación de sus familias y gran parte de las comunidades urbanas y rurales carecen de los servicios básicos.


Podríamos seguir con más datos del estado que recibirá Julio Menchaca Salazar, próximo gobernador de una entidad históricamente condenada a la pobreza. ¿Veremos algo diferente? Ojalá.

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