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Octubre de destapes… y destapados

Foto del escritor: Eder Angeles Hernández
Eder Angeles Hernández
5 oct
3 min de lectura

En Morena Hidalgo ya sonó la campana y, como era de esperarse, la perrada comenzó a acomodarse, porque Marco Rico anunció que antes de que termine octubre quedarán definidos los coordinadores municipales y distritales rumbo a 2027, y ¡oh, coincidencia!, de inmediato aparecieron los que quieren reelegirse, los que quieren brincar de cargo, los que ya se sienten con un pie en la boleta y los que de plano se quedaron sin “huesito”, pero todavía conservan la esperanza de que alguien les aviente aunque sea una carnita de la mesa.


Lo verdaderamente sabroso no será conocer los nombres, sino ver cómo se van a escoger, porque aunque se vienen manejando con unidad, encuestas y consensos hasta que llega la hora de repartir las sillas, ahí sí comienzan los codazos, las sonrisas de plástico, los abrazos estratégicos y el clásico “yo respeto la decisión del partido”, que traducido al lenguaje de la mera bandota política significa: no me gustó ni tantito, pero todavía no me voy porque quizá haya otra posición.


Y vaya que habrá aspirantes, porque algunos alcaldes ya miran hacia la reelección, algunos diputados quieren repetir o cambiar de silla, otros funcionarios empiezan a levantar la mano y varios de los que ayer presumían que no estaban interesados en candidaturas hoy casualmente descubrieron que tienen una enorme vocación de servicio público. ¡Qué bonito es el servicio cuando viene acompañado de fuero, presupuesto, asesores y fotografía oficial!

Pero también están los que se quedaron fuera del reparto, los que ya tuvieron cargo y ahora tendrán que esperar turno, los que pensaron que el huesito era vitalicio y están descubriendo que en la polaca estatal hasta el plato tiene dueño, y ahí estará uno de los grandes retos para Morena: no solamente escoger a los que entran, sino administrar a los que se quedan afuera, porque una cosa es perder una candidatura y otra muy distinta es aceptar la derrota sin comenzar a buscarle tres pies al gato.


Y aquí entra el ciudadano, esa banda que casi nunca es invitada a las reuniones donde se reparten las posiciones, pero que después tiene la desagradable costumbre de preguntar: “¿y estos qué hicieron?”. Porque mientras la clase política anda viendo qué cargo sigue, la bandita anda viendo si arreglaron la calle, si llegó el agua, si funcionó el servicio, si cumplieron lo prometido o si solamente cambiaron la fotografía del funcionario en la oficina.


José Woldenberg ha señalado que una democracia necesita reglas, contrapesos y participación, y precisamente ahí estará la prueba, porque seleccionar coordinadores no debería convertirse en una simple repartición de espacios entre grupos, sino en un proceso capaz de explicar por qué unos sí y otros no, porque si todo termina reducido a quién tiene más estructura, más padrinos o más capacidad para movilizar a la bandera, entonces la famosa transformación corre el riesgo de parecerse demasiado a aquello que decía haber venido a cambiar.


Y octubre tiene una ironía adicional, porque mientras se recuerda el 2 de octubre, una fecha que nos enseñó de manera dolorosa lo que ocurre cuando el poder deja de escuchar, en la política hidalguense comienza otro desfile de voces que quieren ser escuchadas, aunque muchas de ellas, curiosamente, aparecen con especial entusiasmo justo cuando empiezan a repartirse las candidaturas, no son tiempos de tragedia ni mucho menos, pero sí de memoria, porque la política puede cambiar de partido, de discurso y de color, pero hay algo que nunca debería cambiar: el poder tiene que escuchar a la gente.


Así que agárrense, porque se nos vienen las listas, los destapes, los reacomodos, los “yo no busco nada”, los “me han mencionado”, los “estamos esperando los tiempos” y seguramente alguno que otro berrinche disfrazado de principios ideológicos. Morena tendrá que escoger coordinadores, pero también tendrá que lidiar con los damnificados del reparto, mientras los aspirantes hacen cuentas y la sociedad observa desde la grada.


Porque al final, todos quieren huesito, pero la perrada quiere resultados; todos quieren aparecer en la boleta, pero la bandera ya aprendió a mirar más allá del discurso. Y si octubre será el mes de los destapes, también puede ser el mes de las máscaras, porque una cosa es levantar la mano para pedir una candidatura y otra muy distinta demostrar por qué diablos deberían volver a dársela.


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