Morena va directo al abismo; la ambición le ganó
- Fernanda García

- 4 ago 2022
- 3 min de lectura
Cuando Andrés Manuel López Obrador fundó Morena en 2011, nadie daba ni un peso por el partido, solo los amlovers le dieron un voto de confianza al oaxaqueño y decidieron acompañarlo en su camino para llegar al poder.
Los verdaderos morenistas tuvieron que picar piedra, como se dice coloquialmente, para hacerse cada vez más fuertes ante el PRI, el PAN y el PRD, que en aquellos ayeres eran considerada los grandes partidos, y el tricolor era el gran dinosaurio a vencer.
En Hidalgo el escenario no fue mejor, pues en 2016 fue postulado el primer candidato de Morena a la gubernatura del estado, Salvador Torres Cisneros, pero debido a la poca estructura partidista y casi nulo conocimiento y reconocimiento al partido, pues no figuró entre los tres más votados.
Ese año también se eligieron diputados locales y presidencias municipales, en donde tampoco tuvo un gran papel el partido guinda.
En 2018 las cosas cambiaron, ganó AMLO con un margen de diferencia considerable, además, en la entidad arrasó en los 18 distritos electorales, y aunque fue un gran triunfo y el primer descalabro después del casi 90 años del PRI, lo cierto es que ya comenzaban las pugnas de poder al interior de partido.
Ese año fue cuando Morena comenzó a cavar su propia tumba, porque le dio cabida a un grupo ajeno, el partido comenzó a desplazar a su militancia y no le daba ni siquiera oportunidad de opinar.
Tal fue así que cuando allegados al líder de la agrupación acudieron a la sede a registrarse como aspirantes a una candidatura, comenzaron los empujones, mentadas y reclamos que el entonces presidente del partido, Abraham Mendoza Zenteno, no escuchó o no quiso escuchar.
Y es que era más que obvio que había una negociación ahí, pues de buenas a primeras se sumó a las filas del partido a su comunidad; esto, a pesar de que había llegado a acuerdos con Movimiento Ciudadano e incluso ya tenía candidatos registrados.
Pero a la mera hora se echó para atrás y decidió apostarle al partido del AMLO.
Desde ahí no se dieron cuenta que las cosas las estaban haciendo mal y que de seguir así iban a perder adeptos, pero como siguen ganando, pues creen que las cosas van bien y van a seguir así por 80 años más, así como al PRI.
Pero se les olvida que el PRI le apostó a los priistas y no a chapulines de otros partidos, Morena sigue jugando con fuego y en cualquier momento se va a quemar.
Sigue metiendo mano el Grupo incomodo, le da prioridad a otras personas provenientes de otros partidos, a gente que solo busca aprovecharse del momento, que nunca ha visto ni vera por el partido, gente que no sabe lo que es caminar por años para lograr consolidarlo.
Todos esos arribistas, a los que Morena les está dando más de lo que debería y por los cuales está desplazando a su militancia leal, todos ellos se irán en cuanto empiece a derrumbarse el partido, en cuanto AMLO deje de ser el mesías que todo mundo esperaba y en cuanto la militancia se harte de las malas prácticas de sus dirigentes y decidan abandonar el barco que era suyo, pero que otros, con la mano en la cintura, se vinieron a apropiar.
La elección de congresistas de Morena fue otro golpe bajo a la militancia, y eso provocó que su congreso estatal se postergue una semana más, pues se tenía planeado que fuera este fin de semana, pero ante el incremento de demandas e inconformidades por anomalías detectadas, es que deben esperar a que se solucionen para “elegir” a los comités ejecutivos estatales.
Estoy segura que el que quede, por lo menos en Hidalgo, no será un morenista de hueso colorado, sino un o una arribista, una persona que solo entró al partido para tener poder y vivir del erario público.
Pero solo recuerden que de tanto mamar de la vaca gorda, la van a dejar flaca, y cuando esto pase los morenistas de temporada van a desaparecer y la militancia de corazón ya no va a estar ahí para limpiar su cochinero.





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